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Tierra de nadie

Los camiones del autobusero

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Para Alberto Hernández

Todavía hay algunos venezolanos que sueñan despiertos, a pesar de las pesadillas que los torturan cuando en la noche se acuestan con hambre.

El comienzo de este capítulo me lo contó un coleguita en conversación por audio, vía WhatsApp.

En el Terminal de San Jacinto de Maracay, José Lucio Requena y otro señor más joven, dos parroquianos emprendedores, rondan por el camposanto de autobuses en que se convirtió el lugar desde hace dos años o un poco más. Un buen rato han pasado dando vueltas alrededor de un enorme y rojo autobús marca Yutong de los que importaron diligentemente, sólo hacía dos años y medio, ciertos chicos bolivarianos, cuando ya estaba en pleno desarrollo y apogeo aquel negocio con los hermanos chinos. Los dos hombres actuaban en su interesada observación, como si no se conocieran. Sin embargo, en determinados momentos se miraban desde lejos, como si confirmaran algún detalle sobre el que hubiesen hablado antes. Y en efecto, pronto advirtió mi amigo que los dos estaban asociados en aquella visita de observación meticulosa de los vehículos arrumbados y a la intemperie, consumiéndose en su inutilidad. Aquel periodista amigo sabía quiénes eran y por qué rondaban por aquel solitario lugar, disimulando su presencia el uno del otro. Se lo habían informado y por eso él también se econtraba allí, a esa misma hora. Fue un buen rato más tarde cuando el periodista se decidió a saludarlos, pero con mucho tacto, para evitar que el recelo los obligara a callar sus secretas intenciones. Y fue exitoso el abordaje, porque el colega comenzó por glosar parte del callado diálogo que sostenían los dos señores en el cementerio de autobuses.

-No es Lucho, mi amigo, yo soy José Lucio Requena, José Lucio…

-Bueno don José Lucio. Bueno, le dijo el periodista, yo soy Damián, Damián Delgado, de La Barraca. Soy periodista por cuenta propia, o como dicen, freelancer.

-¿Fri qué? -fue lo único que distrajo la atención de don José Lucio, que estaba inclinado delante del autobús, mirando la parte más baja del tren delantero.

Freelancer, maestro. Como si dijera que trabajo por mi cuenta. Estoy haciendo un reportaje sobre estos vehículos abandonados, ahora que tanto los necesitan los pobres pasajeros.

 

 

Estas jaulas pretenden proteger a los audaces pasajeros de una caída, cuando tropiezan con uno de tantos huecos en la calle.

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El otro señor que no dijo su nombre se adelantó a revelar que en algo parecido andaban los dos en aquel momento.

El amigo sabía que aquellos señores tenían mucho interés por los enormes y mostrencos vehículos fuera de circulación.

-Estos cauchos deben haber costado caro -comentó mi amigo como un anzuelo para la conversación.

Allí, tirados a un costado de la gran carrocería, estaban varios neumáticos lisos y rotos que alguna vez fueron poderosos y resistentes. Alguno que otro todavía conserva su ring, los otros son redondos criaderos de zancudos, me contó el amigo por audio.

Pero aquellos dos hombres tienen una idea.

-Son caros, si señor. Cada uno sale por unos 350 dólares si se compran al por mayor, en Panamá. Tal vez más, si se cuentan los aranceles y demás tasas, de aquí y de allá. Eso lo dijo con mucha convicción el señor Requena.

Entonces mi informante les dijo que ahora entendía el interés de los dos amigos que acababa de conocer. O sea, que piensan poner a rodar ese arruinado autobús del gobierno.

El señor Requena le explicó a mi colega que él era el dueño de tres de los camiones que estaban haciendo el transporte a los audaces pasajeros de Maracay. Pero que viendo unos vehículos de injerto que circulan en Cuba, se le había ocurrido la idea de arreglar los autobuses abandonados y ponerlos en servicio, remolcados con los camiones de su propiedad.

Es mala idea, pienso yo mientras escribo, porque será un dolor de cabeza para el pobre inversionista don José Lucio Requena. Perderá todo su dinero y se quedará sin el chivo y el mecate. La mafia cívico-militar, los bolichicos, los colectivos motorizados, los bachaqueros, los coroneles o los sargentos de la guardia nacional lo expropiarán, antes de cualquier intento que haga. Eso es seguro. Terminará preso y ojalá no se le ocurra protestar con una huelga de hambre. Que ya no es huelga sino calistenia diaria.

Acto II El tinglado de Yaracuy

Caballos, burros y hasta una mula barcina aportan lo suyo en Cuba.

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Quisiera estar equivocado y don José Lucio ponga en marcha el Youtong, Dios lo quiera. Yo he visto fotos de ciertos autobuses pequeños en La Habana que se mueven por tracción de sangre. Sólo es necesario un burrito camagüeyano para hacer girar las ruedas. He visto bici-taxis, triciclos, y carrozas híbridos de Ford 53-con mula barcina. Y el presidenteobrero que se la pasa viajando a Cuba seguramente los ha visto, cuando pasea en el asiento de atrás del Mercedes que usa el general Raúl, presidente retirado. Porque además ésa es su especialidad, como autobusero, por muy reposero que haya sido. Y a mucha honra, ¿verdad, camarada?

La secuencia de Tiempos Modernos que no han visto los productores de propaganda de Maduro.

Cuando inauguraron la planta de los Yutong en Yaracuy nadie vio las tiras giratorias de ensamblaje que habrían garantizado la veloz colocación de las partes y componentes en los correspondientes lugares del auto que van armando por secciones, a razón de quince a veinte vehículos por día. Eso es así para que la producción alcance el ritmo de eficiencia y productividad que garantiza el promedio planificado de unidades por año. Es un complejo e intrincado dispositivo industrial que nunca mostraron en Yaracuy, innecesario para convencer a los crédulos fablistanes del gobierno. Los colegas, yes sir. Si hubiesen visto a Charles Chaplin en Tiempos Modernos, los productores del cortometraje de propaganda, habrían procurado organizar un pequeño set de fantasía y trucaje cinematográfico aceptable. Por supuesto, no era aquello que montaron en la flamante planta de autobuses Yutong de Venezuela, en los predios de Maria Lionza. (Por cierto, en el letrero del frontispicio se olvidaron del remoquete República Bolivariana).

La planta de ensamblaje en los predios de María Lionza. El frontispicio esta chucuto.

El parapeto no llegó a imitar siquiera una escenografía de cartón-piedra hollywoodense para películas al nivel de las series tipo B, que producía, dirigía y actuaba Ronald Colman como longanizas, por los años 30 y 40. Todo aquel día de gloria revolucionaria estaba enfocado en el Presidente y su comitiva y con eso bastaba para vender el embuste al crédulo público de VTV. Convencieron un poco más al llenar los estacionamientos aledaños con los brillantes y rojos autobuses que habían importado a brinco rabioso y sobreprecio gordo a los empresarios del lejano oriente, los hermanos chinos. (Ah, esto me recuerda que el hermano Lula lo había hecho mejor, y sin embargo se encuentra preso). Estuvieron tentados de afirmar que todos aquellos colectivos de lujoso transporte urbano eran parte de las primeras unidades que habían salido de la planta ensambladora inaugurada. Pero no se atrevieron a tanto.

Eso es un plagio, dijo Raúl, cuando vio las jaulas-bus que vende Maduro.

La otra cara del teatro nos muestra el rostro de la tragedia nacional. La pobre gente encaramándose como pueden en camiones de estacas y de volteo. Aunque hay que mencionar el entremés que ensayó el presidentereposeroautobusero que con sus amigotes montó una ensambladora de camiones-jaula que imitan con acierto un modelito que circula exitosamente por las calles de La Habana.

Y hay que admitirlo, por cierto. He visto en movimiento otros originales y activos modelitos de transporte para suplir a las guaguas, en función del desarrollo ingenioso de los cubanos, después de medio siglo de socialismo retrógrado. Cómo lo hubiera soñado el ingenuo don José Lucio, ay, allá en Maracay.

Por el dictador Gómez llegaron a Maracay los primeros automóviles que conocimos en Venezuela.

Aquella ciudad, capital del Estado Aragua, tuvo el privilegio de exhibir en sus estrechas calles los primeros modelos de las grandes marcas norteamericanas de la industria automotriz de comienzos del siglo pasado. Tan cierto es, que lamento no disponer ahora de una de las muchísimas fotos que se me quedaron por el viaje, en casa. En una de ellas aproveché la presencia de un fotógrafo amigo que me sacó la instantánea cuando me puse de pie, saludando, al lado de un Packard de lujo, descapotable, de aquellos años. El vehículo lo había prestado por dos días el inolvidable museo del transporte que existía en Venezuela. Lo habíamos solicitado para representar una parodia de la presencia del andino general Presidente dictador de Venezuela, Juan Vicente Gómez, que residía en Maracay y desde allá gobernaba con mano de hierro y enguantada, presos políticos y peculado de tierras y ganado a Venezuela. (Nada nuevo). Era papel que protagonizaba en el acto nuestro viejo amigo, el excelente actor Rafael Briceño.

Militares y oligarcas exhiben en Maracay los cohetes rojos que ostentan sin ninguna vergüenza.

Fue en aquella ciudad donde se reveló grotescamente el contraste de cómo vive la mayoría martirizada de sus habitantes y su contraparte, la minoría oligárquica que se coge y saquea toda la riqueza de nuestro país, la mafia militar. Cómo se traslada de un sitio a otro, por ingrata necesidad, el sacrosanto “pueblo”, exponiéndose físicamente por las calles cundidas de huecos, sobre los vehículos de carga. Mientras se vio aparecer el domingo pasado una caravana de automóviles rojos, qué digo, bólidos de fuego con característico rugido de Indianápolis. Eran cinco Ferraris. Entraron al Circulo Militar y sólo eso los delata. Por lo menos general es el rango de los conductores matinales. El lugar que en lujo supera todo lo que habíamos visto en restaurantes en aquella ciudad. Allá sólo pueden entrar (y pagar), los que dan propinas en dólares a los bomberos que le ponen gasolina de alto octanaje a sus firerockets. Un diario capitalino se preguntó: ¿Quiénes serán los dueños? Yo pregunto ¿Cuánto pagarían por cada uno de ellos? A fin de cuentas, ¿cuánto pagamos nosotros? Preguntitas necias, claro. Preguntitas.

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En Venezuela el gobierno sigue contando votos e inflando resultados

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La hiperinflación que acogota a los venezolanos, y que no tiene solución a corto ni mediano plazo, ha sido trasladada a los resultados electorales de los comicios del domingo 20 de mayo, pues no conciben los estrategas del régimen que con la distribución de 16 millones de carnés de la patria y la inscripción de 10 millones de militantes en el partido único de esa revolución, apenas hayan obtenido, según las dudosas cifras oficialistas, poco más de 5 millones de votos.

Los numeritos que milagrosamente, a las 10 de la noche, ofreció Laobscena como primer boletín causaron escozor en el comando de patrañas porque estaban muy por debajo de los prometidos por el comandante Clap y de los contabilizados por el coordinador de los bonos patrióticos. Los 5 millones y algo era muy poco para los 10 millones mínimo que pedía el gorila colombo-venezolano y fue necesario que apareciera gorgojito rodríguez para emitir el segundo boletín que lo acercara a los más de 8 millones que la prostituyente, dijo Samarmátic, amasó tramposamente.

Según el primer boletín de Laobscena, el candidato-pestilente obtuvo 5 millones 823 mil 728 de votos, Henrí Falcón 1 millón 820 mil 552, Javier Bertucci, 925 mil 042 y Reinaldo Quijada 34 mil 614 votos; poco después sale la malandra Diablita con el segundo reporte donde el pestilente-candidato aumentó a 6 millones y pico largo que en cualquier momento se elevarán a 9 millones y un pelín porque a los seguidores del mangatario no los dejó votar la derecha apátrida.

La hiperinflación se le aplicará a la votación del gobierno porque, aunque no hubo gente votando, en el cangrejo electoral siguen contando votos; no se conocen las cifras que en su totalidad arrojaron las fraudulentas elecciones, pero los oficialistas enchufados allí no han terminado el conteo ni el reconteo de los sufragios hasta que no busquen la manera, y gorgojito la encontrará, de recopilarle la cantidad de votos que él quiere para salir ante el mundo, ante la comunidad internacional, a estrujar en sus caras los resultados de la “limpia” y “tramparenete” jornada que cumplió el pueblo para su amada revolución.

Solas estaban las calles en todo el país y vacíos lucían los centros electorales; en los “puntos rojos” no hallaban cómo hacer para sabanear y naricear a los beneficiarios de los bonos y las bolsas de comida que se negaban a participar en el bochornoso espectáculo previsto por la oposición, pero las máquinas procesaron votos pre-programados para dar lecciones a los países que critican el sistema electoral venezolano, “el mejor y más limpio del mundo”, y enseñarles a cómo un pueblo enfermo, desmirriado económicamente, sin transporte colectivo ni dinero en efectivo, que se muere de hambre y de necesidades, vota masivamente por su revolución, por su socialismo.

El ensayo de la oposición, ese ejercicio de abstención inducida y la práctica del voto aventura emprendido por otro sector de la misma oposición, deben dejar lecturas y lecciones a estudiar en los próximos días, aprenderlas y enseñarlas repetidamente para no caer nuevamente en los errores que han permitido la eterna duración de un gobierno muy malo y una oposición peor que peor, pésima, que aparentemente desea perpetuarse en la acera de enfrente como mero espectador, sin mover una paja ni hacer nada por acceder a los cambios que urgentemente requieren la república y sus republicanos.

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Tierra de nadie

Venezuela no aguanta más ilegalidad

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El Justiciero

Muchos recordarán al presidente Hugo Chávez, cuando con un pito en su boca, soplaba y provocaba el ruido del silbato y luego mencionaba los nombres de los trabajadores de PDVSA que iba a despedir. Este acto fue televisado en su programa Aló Presidente que transmitía Venezolana de Televisión.

Aquellos trabajadores fueron botados a través de una pantalla de televisión y hasta hoy, no cobraron sus prestaciones sociales. Un acto irresponsable y que no se le hace a ningún trabajador, todo por protestar su desacuerdo con la política gubernamental.

Mutaba y afloraba el centauro socialista.

Luego vino la primera expropiación, aquella del hato La Marqueseña, Venezuela comenzó a respirar y a vivir de cerca la ilegalidad de las acciones políticas rojas en el campo, que no podían ser alcanzadas simplemente porque las ideas que se querían llevar a hechos colindaban con las leyes. Se hablaba de latifundistas y al final lo que más tienen tierras son revolucionarios. Año 2006, era el preámbulo de la debacle productiva del país. 11 años y 5 meses después hay hambruna en Venezuela.

En 2007, Chávez creyéndose dueño del país, el que según él ya no era patio trasero de “los yankees”, pero que se convirtió en el suyo, cerró el medio de comunicación de mayor tradición en Venezuela, RCTV. Hubo protestas, las que encabezaba Ricardo Sánchez hoy administrador del fulano Petro, y luego vino la reforma a la constitución. Claro ya le quedaba pequeña al monaguillo de Sabaneta.

No lo logró. Fue su “única” derrota, aunque ahora hasta uno pudiera dudar, después de todo lo que ha avalado Tibisay Lucena, pero a lugar de cuentas, no lo logró. Sin embargo, todo lo que planteó en esa reforma que rechazo el ciudadano, Chávez la fue incrustando mediante decreto, torciendo la voluntad popular. La camisa de fuerza de la legalidad era un estorbo.

Después vinieron infinidades de expropiaciones en el campo, en la fábrica o en la industria. Nada de lo expropiado, hoy, funciona. Qué produce La Marqueseña o la finca de Diego Arria por nombrar dos, nada. Quedó mucha gente sin empleo, eso sí.

Owens Illinois la expropiaron, el Estado la tomó y no se produjo una botella más. Pero si recorres el país vía terrestre, en el camino podrías conseguir galpones y galpones donde se construiría algo “potencia”. Algunos todavía conservan pintura roja, roída pero se lee la palabra socialismo, un tatuaje imposible de borrar.

Pero todo está cerrado, derrumbado, sin techo, clausurado. Algo que parecía un país, fue sepultado.

Crearon una empresa de aviación, porque era prioridad, para que “el pueblo” pudiera viajar en avión. Se convirtió en la empresa de mayores incidentes de seguridad aérea en el país, hasta que al final se le estrellaron dos aeronaves, una en Latacunga, Ecuador (2008), con tres tripulantes que fallecieron, y otro en Puerto Ordaz donde murieron 17 personas. El avión se les cayó por incapaces e ineficientes. Nunca me desmintieron sobre las causas del siniestro.

No sólo no pudieron administrar su aerolínea, sino, que han hecho quebrar a otras por la deuda astronómica que tienen con ellas, y porque inventaron regulaciones sobre el precio de los boletos y obligaron a las empresas a trabajar a pérdidas. Se pelearon con medio mundo, la inseguridad en Venezuela ha puesto su granito de arena para que las empresas dejen de volar hacia el país. Hoy estamos cada día más desconectados del mundo vía aérea.

Las calles de Caracas están desiertas. En las horas pico no hay colas en las arterias viales. La autopista Francisco Fajardo parece la de los años 80 o 90, pero no por estar en buenas condiciones, sino, porque no hay tráfico producto de que hay menos vehículos circulando, sencillamente porque no hay repuestos o autopartes. Nadie con lo que gana puede comprar un caucho o un litro de aceite.

No aceptaron hace algunos años el plan “Pico y Placa” que quiso implementar Henrique Capriles. Es que ellos tenían pensado otra mejor idea para acabar con las colas de la capital y de otras ciudades congestionadas. La desidia.

Y todavía dicen el domingo, bien tempranito eso si, como nunca, que Nicolás Maduro sacó más de 6 millones de votos, cuando el país atraviesa la peor crisis económica de su historia? Eso no lo cree nadie. Las calles del país estaban desoladas, nadie salió a votar, ni sus partidarios con todos los chantajes bajos que les hicieron, amenazas de botarlos del trabajo, de no entregarle la caja de comida, eso sí, llenas de animales como describió la fuerza pública de Colombia, ni ellos salieron, ni la maravillosa maquinaria y las ubchs, ni las achchs, ni las patrullas o las patrullitas, remolcaron a nadie. La gente se cansó.

Que se cristalizó el domingo? El resultados de tantos años de impunidad, de desapego a las leyes, de irregularidades, de arbitrariedades, de bajezas, de inmoralidad desde el poder. Llegó el momento del, no me importa nada, hagámoslo o nos quitan el poder, aún con una oposición dividida pero, bien hambrienta de poder. Cosa que tampoco gusta a mucho, porque podría ser más de lo mismo con otros ribetes. El gobierno no está viendo por el retrovisor para seguir en su estado forajido.

Un país no tiene ninguna perspectiva de crecimiento si quienes gobiernan o quienes conviven en un mismo Estado, no respetan el acuerdo social que significan las leyes bajo el paraguas constitucional. Durante 20 años Venezuela ha soportado los embates de un caudillo primero, y de un séquito de gorilas sin almas después, pero, ya no aguanta más. Su gente se muere, sus niños se fallecen y con ellos el futuro.

Nota: No es que el caudillo tuviera alma

Saben que fue lo primero que hizo Tarek William Saab cuando llegó a la Fiscalía y encontró resistencia de algunos fiscales para cometer barbaridades, y con esto concluyo, buscó a un juez de esos de los guisos, de las tribus, y les solicitó prohibición de salida del país a todos los fiscales con competencia nacional. Debo aclarar que hasta los magistrados de las tribus tuvieron más decoro que el Fiscal General de la ANC, y no firmaron esas medidas de coacción. Como hizo Tarek, estará en su conciencia, pero esos fiscales no pueden salir de Venezuela.

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Tierra de nadie

En Venezuela empieza repartición de culpas en medio de una tragedia

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Luego de mirar lo que se ha visto y otear lo que se observa en los diferentes centros de votación a lo largo y ancho del territorio nacional, los venezolanos inician un proceso de repartición de culpas por el resultado de las elecciones presidenciales efectuadas este domingo 20 de mayo, cuando la gran ganadora, al parecer, es la señora abstención, una protagonista muy pocas veces vista en comicios de estas características, donde la idea era elegir, entre tres visibles aspirantes, al presidente de Venezuela durante los próximos seis años.

Se puede decir que entre ir a votar y quedarse en casa, la población estaba mitad-mitad; unos convencidos de votar, pensando en salidas electorales a la crisis humanitaria que los acogota, y otros hartos de promesas de lado y lado, sin ver soluciones a su cada vez más mermada esperanza de que el gobierno pudiera salir con votos o con la mediación de la llamada comunidad internacional que mira, habla y no actúa conforme el pensamiento del concierto de naciones que pujan para que sean democráticos los gobiernos que surjan y se mantengan en el continente americano.

Vista la baja presencia de personas en los centros de votación, aún unos rogaban que saliera la avalancha a votar para inflar la participación de votantes y otros imploraban que la gente siguiera en su casa para desenmascarar a un gobierno que ya no necesita de careta para disfrazar su talante continuista y autoritario, que comete fraude y más fraude con el fin de perpetuarse en el poder.

La “Leticia Mudarra” sola totalmente. (Foto Alejandro Núñez)

El consabido “yo te lo dije” será la frase más utilizada, pues en situaciones como éstas nadie quiere dar su brazo a torcer y siempre querrá tener la razón porque su postura es la que más se acerca a la verdad, lo que demuestra la avidez de liderazgo que existe entre la gente que conoce de cerca la democracia y la libertad que, sin embargo, en los últimos 26 años se ha deteriorado tanto que no se sabe qué ocurrirá el día después, las semanas, meses y años posteriores.

No se trata sólo de que un gobierno y parte de la oposición luchen por el poder político, sino que se juega el destino de la patria ante una revolución agotada y sin aparente liderazgo de relevo que impida la descapitalización del país, no sólo en sus recursos naturales y reservas monetarias, sino en su capital humano, ya que la crisis genera la huida intempestiva de jóvenes y no tan jóvenes profesionales que no soportan su hambre ni la de su familia, mientras la gente sigue jugando a la ruleta de las elecciones y sus resultados como manera de entretenimiento y diversión hasta que Dios meta su mano poderosa.

Poca gente buscándose en la “Jacob Pérez Carballo”. (Foto Alejandro Núñez)

Este importante proceso electoral del 20 de mayo no se afrontó con la seriedad que se requiere en un país que necesita que sus líderes y dirigentes se sienten a negociar con los sectores involucrados y comprometidos con el futuro de la patria, pues lo que ocurre no es cualquier tontería; es una amarga crisis que cada día se acentúa más y ya se ve claramente que no hay voluntad política por parte del gobierno ni de la oposición para enfrentarla y darle respuestas al pueblo venezolano y a la comunidad internacional preocupada por lo que aquí sucede.

No pueden estar repartiéndose las culpas del fracaso y de la derrota electoral que es el fracaso y la derrota de un pueblo que tiene sed y hambre de alimentos para conservar su salud, sino que tiene sed y hambre de justicia para preservar su democracia y su libertad, pensando en las generaciones futuras de un país que como Venezuela es considerado el más rico del planeta, no por la gran cantidad de recursos que tiene bajo y sobre su suelo, sino que siempre ha repartido y exportado generosidad, conocimiento y sabiduría alrededor del mundo.

Es justo poner en práctica el pensamiento, la palabra de Simón Bolívar acerca de “moral y luces son nuestras primeras necesidades” y lograr cuanto antes la unión de todos “o la anarquía os devorará”. Y es eso lo que pasa; estamos devorándonos unos con otros y siempre sonriendo como si la tragedia afectará sólo a unos pocos y no a todos, porque irse o quedarse será siempre un destino trágico que debemos evitar cuanto antes y a toda costa.

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