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Tierra de nadie

La úlcera de cierta oposición

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En la Maracay de los años ’60, cuando se veía muy poca gente pidiendo en las calles porque los automóviles no hacían filas, había un solo semáforo custodiado por un policía de punto, se podía observar en la avenida Bolívar a un moreno joven que se arrollaba el pantalón en su pierna derecha para mostrar una fea lesión con la cual conmovía a los transeúntes para que le dieran limosnas que le permitieran comprar medicamentos, que en la Venezuela de esa época había en cantidad y baratos, y así poder tratar la úlcera que lo aquejaba.

Juancito, que así se llamaba el mozalbete, recogía las dádivas en horas de oficina en las paradas de autobús, que también había bastante y baratos, a medio (Bs 0,25), con el fin de que los viandantes le aflojaran dinero sencillo, que en Venezuela sobraba como el arroz en esos años, y se retiraba a su casa a mediodía con los bolsillos repletos, como repleto llevaba el saco con los alimentos que compraba ahí mismito, sin cola ni especulación, y se daba el lujo, con la manga del pantalón ya en el tobillo, de abordar un taxi hasta su casa, que le quedaba cerca.

La gente de buen corazón lo ayudaba diaria y constantemente porque, además de la necesidad que reflejaba por la tragedia que vivía, Juancito era un muchacho muy simpático, hablantinoso y dicharachero que motivaba sonrisas y buen ánimo entre quienes veían y oían sus movimientos y chácharas matinales y vespertinas, permitiéndoles a los dadivosos irse a casa llenos de contento por su acción humanitaria y a contarles a sus familiares los chistes que aflojaba el mozo de la llaga en sus repetitivas peroratas.

Sin embargo, uno de esos días, el doctor Régulo Ottamendi(+), famoso médico maracayero, consagrado dermatólogo, buen amigo y mejor persona, habitué del Biergarten Bar, qué digo, Biergarten Park, lo vio y, por supuesto, se bajó del carro, lo llamó, lo montó y se lo llevó al Seguro Social de San José, donde era Jefe del Servicio de Dermatología, y luego de los exámenes y las curas respectivas, lo envió a su casa en un yip del Seguro.

Al otro día, cuando le tocaba hacerse la cura y continuar el tratamiento médico, el joven Juancito no se presentó, lo que prendió las alarmas en una institución dirigida, en ese entonces, por gente responsable y seria. Justo y necesario es decir que en aquella época, al paciente que no iba a la consulta mandaban buscarlo a su casa, al igual que inspeccionaban y fiscalizaban a trabajadores “de reposo”. Bueno, lo cierto es que fueron a buscar a Juancito a su casa y no estaba; andaba en las suyas, pidiendo plata en los alrededores de la Plaza Bolívar. Esto motivó a los funcionarios salir a sabanearlo en la calle, no sin antes invitar a su señora madre a que también los acompañara a comparecer ante el SSO.

Una vez en el Hospital, la querida mamá de Juan le dijo al doctor Ottamendi y a los fiscales que a ella no le convenía que le sanaran a su hijo, ya que después no tendrían cómo mantener a la familia porque ninguno estaba trabajando. Esta anécdota la recordé al ver cómo actúa cierta oposición en Venezuela; esa oposición que sostiene que si se sale de esta dictadura y sus esbirros no tendrán cómo manipular a una población desesperada ni cómo entretener a la comunidad internacional, mucho menos lograr recursos ni espacios para continuar sus actividades en pro de la democracia y de la libertad…

Tierra de nadie

Cuando la dignidad estremece a las dictaduras (+Video)

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La cara del comunicador del canal del Estado se convirtió en un ventanal de espanto, pues mientras el joven periodista, que seguramente no ha visto otro gobierno que el “revolucionario”, hablaba de las bondades de las liberaciones de los presos políticos y de cómo el corazón de Nicolás Maduro no era tan malo como dicen, pasó por su lado la dignidad sostenida por un bastón.

Se trató de un General de Brigada de nombre Ángel Omar Vivas Perdomo, quien visiblemente afectado por el encierro dictatorial, pasó a un lado del reportero y en la propia Casa Amarilla, en la cancillería del gobierno gritó: “muera la tiranía, viva la libertad”, a sabiendas de que eso le podía costar no obtener el “beneficio” de salir del Helicoide.

Mientras en los cuarteles, algunos desojan la margarita, a otros el miedo los invade y otros militares se quejan de que la sociedad civil y la dirigencia opositora están de capa caída o neutralizados, por el régimen y por lo errores,  mientras eso ocurre, un general desfalleciente le mete una bofetada a sus cancerberos, como diciendo, yo juré ante la bandera como soldado defender la patria, la constitución y las leyes, y no a  quienes han convertido todo eso y las instituciones en un basurero.

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Tierra de nadie

En Venezuela el gobierno sigue contando votos e inflando resultados

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La hiperinflación que acogota a los venezolanos, y que no tiene solución a corto ni mediano plazo, ha sido trasladada a los resultados electorales de los comicios del domingo 20 de mayo, pues no conciben los estrategas del régimen que con la distribución de 16 millones de carnés de la patria y la inscripción de 10 millones de militantes en el partido único de esa revolución, apenas hayan obtenido, según las dudosas cifras oficialistas, poco más de 5 millones de votos.

Los numeritos que milagrosamente, a las 10 de la noche, ofreció Laobscena como primer boletín causaron escozor en el comando de patrañas porque estaban muy por debajo de los prometidos por el comandante Clap y de los contabilizados por el coordinador de los bonos patrióticos. Los 5 millones y algo era muy poco para los 10 millones mínimo que pedía el gorila colombo-venezolano y fue necesario que apareciera gorgojito rodríguez para emitir el segundo boletín que lo acercara a los más de 8 millones que la prostituyente, dijo Samarmátic, amasó tramposamente.

Según el primer boletín de Laobscena, el candidato-pestilente obtuvo 5 millones 823 mil 728 de votos, Henrí Falcón 1 millón 820 mil 552, Javier Bertucci, 925 mil 042 y Reinaldo Quijada 34 mil 614 votos; poco después sale la malandra Diablita con el segundo reporte donde el pestilente-candidato aumentó a 6 millones y pico largo que en cualquier momento se elevarán a 9 millones y un pelín porque a los seguidores del mangatario no los dejó votar la derecha apátrida.

La hiperinflación se le aplicará a la votación del gobierno porque, aunque no hubo gente votando, en el cangrejo electoral siguen contando votos; no se conocen las cifras que en su totalidad arrojaron las fraudulentas elecciones, pero los oficialistas enchufados allí no han terminado el conteo ni el reconteo de los sufragios hasta que no busquen la manera, y gorgojito la encontrará, de recopilarle la cantidad de votos que él quiere para salir ante el mundo, ante la comunidad internacional, a estrujar en sus caras los resultados de la “limpia” y “tramparenete” jornada que cumplió el pueblo para su amada revolución.

Solas estaban las calles en todo el país y vacíos lucían los centros electorales; en los “puntos rojos” no hallaban cómo hacer para sabanear y naricear a los beneficiarios de los bonos y las bolsas de comida que se negaban a participar en el bochornoso espectáculo previsto por la oposición, pero las máquinas procesaron votos pre-programados para dar lecciones a los países que critican el sistema electoral venezolano, “el mejor y más limpio del mundo”, y enseñarles a cómo un pueblo enfermo, desmirriado económicamente, sin transporte colectivo ni dinero en efectivo, que se muere de hambre y de necesidades, vota masivamente por su revolución, por su socialismo.

El ensayo de la oposición, ese ejercicio de abstención inducida y la práctica del voto aventura emprendido por otro sector de la misma oposición, deben dejar lecturas y lecciones a estudiar en los próximos días, aprenderlas y enseñarlas repetidamente para no caer nuevamente en los errores que han permitido la eterna duración de un gobierno muy malo y una oposición peor que peor, pésima, que aparentemente desea perpetuarse en la acera de enfrente como mero espectador, sin mover una paja ni hacer nada por acceder a los cambios que urgentemente requieren la república y sus republicanos.

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Tierra de nadie

Venezuela no aguanta más ilegalidad

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El Justiciero

Muchos recordarán al presidente Hugo Chávez, cuando con un pito en su boca, soplaba y provocaba el ruido del silbato y luego mencionaba los nombres de los trabajadores de PDVSA que iba a despedir. Este acto fue televisado en su programa Aló Presidente que transmitía Venezolana de Televisión.

Aquellos trabajadores fueron botados a través de una pantalla de televisión y hasta hoy, no cobraron sus prestaciones sociales. Un acto irresponsable y que no se le hace a ningún trabajador, todo por protestar su desacuerdo con la política gubernamental.

Mutaba y afloraba el centauro socialista.

Luego vino la primera expropiación, aquella del hato La Marqueseña, Venezuela comenzó a respirar y a vivir de cerca la ilegalidad de las acciones políticas rojas en el campo, que no podían ser alcanzadas simplemente porque las ideas que se querían llevar a hechos colindaban con las leyes. Se hablaba de latifundistas y al final lo que más tienen tierras son revolucionarios. Año 2006, era el preámbulo de la debacle productiva del país. 11 años y 5 meses después hay hambruna en Venezuela.

En 2007, Chávez creyéndose dueño del país, el que según él ya no era patio trasero de “los yankees”, pero que se convirtió en el suyo, cerró el medio de comunicación de mayor tradición en Venezuela, RCTV. Hubo protestas, las que encabezaba Ricardo Sánchez hoy administrador del fulano Petro, y luego vino la reforma a la constitución. Claro ya le quedaba pequeña al monaguillo de Sabaneta.

No lo logró. Fue su “única” derrota, aunque ahora hasta uno pudiera dudar, después de todo lo que ha avalado Tibisay Lucena, pero a lugar de cuentas, no lo logró. Sin embargo, todo lo que planteó en esa reforma que rechazo el ciudadano, Chávez la fue incrustando mediante decreto, torciendo la voluntad popular. La camisa de fuerza de la legalidad era un estorbo.

Después vinieron infinidades de expropiaciones en el campo, en la fábrica o en la industria. Nada de lo expropiado, hoy, funciona. Qué produce La Marqueseña o la finca de Diego Arria por nombrar dos, nada. Quedó mucha gente sin empleo, eso sí.

Owens Illinois la expropiaron, el Estado la tomó y no se produjo una botella más. Pero si recorres el país vía terrestre, en el camino podrías conseguir galpones y galpones donde se construiría algo “potencia”. Algunos todavía conservan pintura roja, roída pero se lee la palabra socialismo, un tatuaje imposible de borrar.

Pero todo está cerrado, derrumbado, sin techo, clausurado. Algo que parecía un país, fue sepultado.

Crearon una empresa de aviación, porque era prioridad, para que “el pueblo” pudiera viajar en avión. Se convirtió en la empresa de mayores incidentes de seguridad aérea en el país, hasta que al final se le estrellaron dos aeronaves, una en Latacunga, Ecuador (2008), con tres tripulantes que fallecieron, y otro en Puerto Ordaz donde murieron 17 personas. El avión se les cayó por incapaces e ineficientes. Nunca me desmintieron sobre las causas del siniestro.

No sólo no pudieron administrar su aerolínea, sino, que han hecho quebrar a otras por la deuda astronómica que tienen con ellas, y porque inventaron regulaciones sobre el precio de los boletos y obligaron a las empresas a trabajar a pérdidas. Se pelearon con medio mundo, la inseguridad en Venezuela ha puesto su granito de arena para que las empresas dejen de volar hacia el país. Hoy estamos cada día más desconectados del mundo vía aérea.

Las calles de Caracas están desiertas. En las horas pico no hay colas en las arterias viales. La autopista Francisco Fajardo parece la de los años 80 o 90, pero no por estar en buenas condiciones, sino, porque no hay tráfico producto de que hay menos vehículos circulando, sencillamente porque no hay repuestos o autopartes. Nadie con lo que gana puede comprar un caucho o un litro de aceite.

No aceptaron hace algunos años el plan “Pico y Placa” que quiso implementar Henrique Capriles. Es que ellos tenían pensado otra mejor idea para acabar con las colas de la capital y de otras ciudades congestionadas. La desidia.

Y todavía dicen el domingo, bien tempranito eso si, como nunca, que Nicolás Maduro sacó más de 6 millones de votos, cuando el país atraviesa la peor crisis económica de su historia? Eso no lo cree nadie. Las calles del país estaban desoladas, nadie salió a votar, ni sus partidarios con todos los chantajes bajos que les hicieron, amenazas de botarlos del trabajo, de no entregarle la caja de comida, eso sí, llenas de animales como describió la fuerza pública de Colombia, ni ellos salieron, ni la maravillosa maquinaria y las ubchs, ni las achchs, ni las patrullas o las patrullitas, remolcaron a nadie. La gente se cansó.

Que se cristalizó el domingo? El resultados de tantos años de impunidad, de desapego a las leyes, de irregularidades, de arbitrariedades, de bajezas, de inmoralidad desde el poder. Llegó el momento del, no me importa nada, hagámoslo o nos quitan el poder, aún con una oposición dividida pero, bien hambrienta de poder. Cosa que tampoco gusta a mucho, porque podría ser más de lo mismo con otros ribetes. El gobierno no está viendo por el retrovisor para seguir en su estado forajido.

Un país no tiene ninguna perspectiva de crecimiento si quienes gobiernan o quienes conviven en un mismo Estado, no respetan el acuerdo social que significan las leyes bajo el paraguas constitucional. Durante 20 años Venezuela ha soportado los embates de un caudillo primero, y de un séquito de gorilas sin almas después, pero, ya no aguanta más. Su gente se muere, sus niños se fallecen y con ellos el futuro.

Nota: No es que el caudillo tuviera alma

Saben que fue lo primero que hizo Tarek William Saab cuando llegó a la Fiscalía y encontró resistencia de algunos fiscales para cometer barbaridades, y con esto concluyo, buscó a un juez de esos de los guisos, de las tribus, y les solicitó prohibición de salida del país a todos los fiscales con competencia nacional. Debo aclarar que hasta los magistrados de las tribus tuvieron más decoro que el Fiscal General de la ANC, y no firmaron esas medidas de coacción. Como hizo Tarek, estará en su conciencia, pero esos fiscales no pueden salir de Venezuela.

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